Aclaración: quien escribe estas líneas es hincha de River. Hijo de un riverplatense –que tuvo el placer de ver jugar a Ángel Labruna y a Walter Gómez, entre otros monstruos–, y padre de otro.
Duele lo que le toca vivir a la Banda.
Pero duele por su historia, por sus hinchas.
No por los dirigentes que salen del club con más plata que con la que entraron. No por los intermediarios y representantes que atrapan a los chicos de inferiores no bien muestran algunas condiciones. No por técnicos y jugadores que se besan la camiseta casi por costumbre, por inercia.
A todos ellos no les creo nada. Sí les creo a los pibes que lloraron el domingo y el lunes fueron a su escuela con la camiseta puesta poniéndoles el pecho a las cargadas.
Que hay cosas mucho más importantes que el fútbol, por supuesto, muchísimas. Que hay que tratar de desdramatizar las derrotas en el deporte, totalmente de acuerdo. Que nada justifica a esas bestias que rompieron vidrieras, apedrearon policías y amenazaron a jugadores y dirigentes después del partido: algo fuera de cualquier discusión. Que como me dijo un amigo, “el fútbol es lo más importante dentro de las cosas menos importantes”. Todo cierto. Pero no alcanza para sacarse ese gusto amargo que desde el domingo tenemos en la boca.
También es cierto que la historia de River no termina con este descenso. Que volverá a primera, que ganará más campeonatos y surgirán de sus inferiores nuevos ídolos.
Tan cierto como que la caída del club no comenzó este torneo ni se debe exclusivamente a lo ocurrido dentro del campo de juego. En la edición de Veintitrés del 24 de septiembre de 2009, con el título “La caída de dos gigantes: el fin del fútbol negocio”, dedicamos la tapa al fracaso dirigencial y futbolístico de River y Boca. Contamos los problemas financieros de clubes que vendieron jugadores por cientos de millones de dólares, pero sus finanzas seguían en rojo. Hablamos del fin de una hegemonía. Y pusimos como ejemplos a seguir dentro del fútbol argentino a clubes como Vélez y Lanús.
Dos años después de esa nota: River se fue a la B; Vélez salió campeón y Lanús subcampeón.
En este número hablamos de las lecciones que deja este desastre riverplatense. Un derrumbe deportivo que fue de la mano de negocios turbios, desmanejos políticos y corrupción.
Me duele tener que hacer esta tapa.
Es necesaria. Hay que señalar a los culpables y aprender la lección. Y que tengan que responder ante la Justicia aquellos que fueron responsables de tantas irregularidades.
Duele por ver a tanto pibe amargado.
Duele por esos años de potrero, en que jugaba a gambetear y pegarle a la pelota como “Pinino” Más.
Pero volveremos. Espero, habiendo aprendido la lección.