La crisis internacional disparó pronósticos calamitosos en
el establishment. Por qué la Argentina está a salvo ante el estallido externo y cuáles son las claves para evitar el pánico.
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Si los últimos meses se pensaran en colores, no sería descabellado imaginar que el negro ganaría por goleada. Rescates desesperados a economías desesperadas, países centrales al borde del default, ajustes hasta la asfixia disfrazados de mágica salvación, bolsas que cayeron –y continúan– en picada. Escenas de una crisis que desata los temores más temidos y que libera las especulaciones políticas y económicas más diversas, en un teatro de operaciones donde las decisiones parecieran estar menos calculadas y más a la deriva. Entonces, en el extremo sur, la pregunta se hace eco y los debates quedan abiertos: ¿resistirá la Argentina los golpes? El panorama resulta alentador: si el negro avanza en el mapamundi, expertos locales aseguran que las pinceladas en esta zona no serán tan oscuras como los eternos agoreros del establishment suelen prever.
La reunión extraordinaria de ministros de Economía de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), que tuvo lugar el 5 de agosto pasado en Lima, alimenta los buenos pronósticos: la conclusión de la jornada derivó en una manifestación de voluntad para mostrarse unidos en la implementación de medidas conjuntas para enfrentar la crisis internacional. Una señal de América latina hacia el mundo que tendrá su institucionalización final el viernes 12, en Buenos Aires, donde los mandatarios refrendarán un documento de medidas conjuntas de cara al futuro, en el marco del Consejo Económico Sudamericano de la Unasur. Entre ellas, figuran:
- La adopción de medidas de coordinación de los bancos centrales respecto de sus reservas.
- La incentivación del uso de las monedas locales y regionales para efectuar transacciones interbloque (decisión que ya pusieron en marcha la Argentina y Brasil en el marco de su intercambio comercial).
- La decisión de concretar el lanzamiento del Banco del Sur, para facilitar el financiamiento en el ámbito regional; un proyecto que estaba en carpeta pero que vuelve a escena para reforzar la independencia respecto del Fondo Monetario Internacional.
- El apoyo a los sectores productivos complementarios en los distintos países.
- La adopción de un compromiso para otorgar una “respuesta política regional” ante los efectos de la crisis y la debilidad de las potencias centrales.
“La actitud de los países de la región es positiva, aunque creer que vamos a pasar por esta crisis de tipo planetario sin consecuencia alguna es un poco quimérico”, advierte el director del Plan Fénix Abraham Gak. Y continúa: “Lo que sucedió en estos días con la caída estrepitosa de las bolsas es un episodio dentro de una crisis que se prolongará un par de años más. En ese sentido, obviamente, no cabe duda que la región y, en particular, la Argentina están en condiciones de enfrentar los coletazos de lo que se viene sin que ello nos afecte duramente, como sucedió décadas atrás. Por eso subrayo que la unión de los países latinoamericanos es importante. No sólo se va a avanzar hacia un mecanismo de ayuda colectiva sino que se fijarán condiciones de negocios y de intercambio comercial que no estarán atados a una moneda de cambio internacional sino a las locales y, al mismo tiempo, se incentivarán mecanismos de financiamiento para proyectos de desarrollo que, en el mediano y largo plazo, verdaderamente mejorarán las condiciones de vida de todas las poblaciones”.
Puertas adentro, el colchón para resistir el tembladeral externo mantiene su densidad. Entre las principales variables, los economistas rescatan el nivel de crecimiento –tras un 2009 por debajo del 1 por ciento, el 2010 registró un crecimiento superior al 9 por ciento–, la cantidad de reservas en el Banco Central –que a junio de 2011 se mantiene en 51.695 millones de dólares–, los superávits en la balanza comercial y fiscal –la primera, de 11.632 millones de dólares en 2010; la segunda, del 0,2 por ciento en el mismo período–, y el nivel de endeudamiento, de poco más de 170 mil millones de dólares. Indicadores de una realidad que, a diferencia de otras épocas, permite vislumbrar un horizonte de mayor fortaleza y previsibilidad.
“Siempre hay discusiones sobre el real alcance de estos datos –reflexiona el economista Eduardo Curia–. Sin embargo, nos permiten pensar que nuestro país se encuentra en una situación más sólida para enfrentar lo que se viene. Por eso, considero que habrá que analizar con seriedad cuál es el grado de complejidad de esta instancia crítica que atraviesa el mundo, más profundamente en Europa que en los Estados Unidos.”
Para Mario Rapoport, economista y doctor en historia, esas variables, combinadas con un contexto de crisis, representan una oportunidad: “Tenemos menos ataduras con el sistema financiero internacional, reforzamos nuestro mercado interno y ello nos permitió protegernos de la entrada de capitales especulativos. Todas esas condiciones prometen que la economía argentina siga un curso más virtuoso de cara al futuro”. En esa línea, el director del Instituto de Investigaciones de Historia Económica y Social de la UBA agrega que “no hay que perder de vista que, tras la crisis de 2001 y 2002, la Argentina hizo lo contrario a lo que están haciendo ahora los países centrales, con la aplicación de políticas de ajuste. Alcanzar un nivel de estabilidad adecuado se refuerza, incluso, con el acompañamiento de los países latinoamericanos en el marco de la Unasur. Eso no quiere decir que la crisis internacional no pueda afectarnos en alguna medida, porque no depende únicamente de un Estado. Pero claramente estamos mejor que antes, con un nivel de endeudamiento razonable, muy bajo con respecto a los países desarrollados, y con un mercado interno marcado por un proceso de reindustrialización que nos permite comenzar a producir en el país productos que antes traíamos de afuera”.
En el resto del mundo, el deterioro quedó marcado por el derrumbe financiero, umbral de una recesión que amenaza con terminar de desplomar la situación en Europa y los Estados Unidos. En el país de Barack Obama, la reducción en la nota de deuda que realizó la calificadora de riesgo Standard and Poor’s –una medida histórica para el país del norte– desnudó aún más la fragilidad de una economía aquejada, en gran medida, por los bajos niveles de producción, el alto desempleo, los efectos residuales de la burbuja hipotecaria y crediticia que estalló en 2009 y el fantasma del default. En Europa, la violencia desatada en las calles de Londres se suma a la situación que atraviesan España, Italia, Grecia e Irlanda, gritos de disconformidad frente a los ajustes salvajes que pretenden sostener la unión continental.
Menos optimista, Héctor Valle, presidente de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo Económico (FIDE), asegura que “esa crisis sistémica severa es un riesgo para la Argentina. Hay que considerar varios datos. El primero: que la recesión en los Estados Unidos se extenderá en el tiempo, teniendo en cuenta que su origen estuvo marcado por la explosión de las burbujas especulativas formadas por el financiamiento crediticio al consumo y la vivienda. El segundo dato tiene que ver con las bajas tasas de interés que no están siendo tomadas por la gente sino por operadores especulativos que continúan inyectándole volatilidad al sistema financiero. El tercero: la vuelta de campana en las materias primas, que no verán caer mucho sus precios pero sí se verán afectadas. Y, por último, porque la elevada volatilidad genera más incertidumbre y ahí el riesgo principal no es la inflación sino la deflación en la que puede derivar este contexto. Ninguna economía está blindada del todo pero deberemos reforzar el camino que seguimos en 2009: fortalecer el mercado interno, utilizar el gasto público como estímulo para la demanda, sostener el pleno empleo, mejorar la progresividad tributaria y mantener los bajos niveles de endeudamiento”.
Más allá de las fortalezas, la posible caída de los precios de los commodities figura a la cabeza de los temores y advertencias de los profetas locales del apocalipsis. Incluso cuando el sector agropecuario mantiene los niveles récord que supo registrar en los últimos años. “La producción primaria deberá combinarse con un proceso de sustitución de importaciones –sugiere Gak–. Sobre todo porque con una pequeña baja de los precios generará una ofensiva interna de reducción de precios que no debería ser atendida. El eje de nuestra vida y nuestro progreso como país reside, en gran medida, en nuestra capacidad de sostener el pleno empleo y lograr que aquellos que no están registrados pasen a estarlo.”
Para evitar el pánico, el economista Marcos Makon, que preside la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), afirma que “no hay motivos para creer que la Argentina vaya a sufrir consecuencias inmediatas de esta situación porque, aun en el caso de que la crisis financiera se traslade a la economía real, el impacto sería diferenciado porque afectaría principalmente la exportación de productos destinados a Estados Unidos o Europa. Es decir, el grueso de la generación de divisas, que está vinculado a la exportación agropecuaria hacia China o India, no se vería mermado”.
En medio de un año electoral que acrecienta las susceptibilidades –y aun ante el desafío de una perspectiva brasileña que estará marcada por su alta apreciación monetaria (y la forma en que sortee esa encrucijada) y las asimetrías por resolver entre los países del continente– los avances que puedan darse en la región contribuirán al blindaje blanquiceleste y formarán parte de un recetario público singular en la historia argentina.
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Opiniones
Redoblar esfuerzos
Por Héctor Valle
Presidente de FIDE
Esta crisis es más severa que la del 2009, lo que implicará redoblar los esfuerzos para enfrentarla. Fortalecer los instrumentos que forjamos entonces, apostando al mercado interno, al Mercosur, al financiamiento a partir de un banco el del Sur, a mejorar la progresividad tributaria y al desarrollo de un proyecto industrial común para la región, nos permitirá ver y esperar el futuro sobre la base de una política heterodoxa moderna que evite daños mayores. Ni la euforia desmedida ni la depresión acumulada son buenas consejeras.
Economía integrada
Por Eduardo Curia
Economista
Es positivo apostar a la unión de la región, teniendo a la vista las especificidades de cada país. Hay que estar alertas ante la crisis, como lo hicimos hasta ahora y con el ejemplo del 2008-2009, preparándonos con seriedad, con acumulación de reservas y con una política fiscal consistente. Por lo pronto, a nivel interno, lo ideal sería apostar a un modelo de economía integrada, donde la producción de commodities conviva con un proceso de reindustrialización que sirva de base para implementar otras políticas.
Profundizar el modelo
Por Abraham Gak
Director del Plan Fénix
Considero que habrá un proceso muy fuerte de proteccionismo, que debería llevarnos a seguir encarando un proceso de sustitución de importaciones. En ese sentido, la producción del financiamiento interno es importante y hay que sostenerlo. De más está decir que resulta fundamental la acción del Estado como principal inversor. En ese esquema, la profundización del modelo deberá orientarse hacia una reforma tributaria y del sistema financiero que nos permita regular y reorientar el crédito.
Economía real
Por Mario Rapoport
Economista. Dr. en Historia.
Hoy enfrentamos una recesión que continuará un largo período. Sin embargo, estamos mejor que en otros tiempos. Incluso, no creo que bajen demasiado los precios de los commodities. Los países emergentes son los principales compradores de esos productos y tampoco se vieron tan afectados por la crisis. No hay modo de tener certezas absolutas respecto del futuro pero sí sobre cómo está el mundo: dado vuelta, con los países emergentes aventajados porque su desarrollo se basó sobre la economía real y no financiera.
Oportunidad regional
Por Marcos Makon
Presidente de ASAP
Esta crisis es diferente a la del 2008: si bien ambas son financieras, esta se origina por un problema político en EE.UU. que deriva en la pérdida de credibilidad de su sistema. A nivel local, es importante resaltar la posibilidad de llevar a cabo políticas regionales. Brasil, por caso, es el país que está más expuesto a sufrir consecuencias y está claro que una crisis en Brasil nos afectaría de manera directa. Hay que rescatar los mecanismos regionales de protección ante la amenaza: proteger a Brasil es protegernos a nosotros.