Pericias. La división de Investigaciones en el domicilio de Cabrera en Balvanera.
A dos semanas de que el cadáver de Candela Sol Rodríguez fuera encontrado en un basural por dos cartoneros, el crimen parece lejos de ser resuelto. Aunque los movimientos en la causa son vertiginosos, se manejan en base a hipótesis contrapuestas. Lo único certero es que la investigación está cada vez más cuestionada. Estos son los 10 puntos principales de una pesquisa endeble.
1. Rastrillajes inútiles. No bien se denunció la desaparición de Candela, el lunes 22 de agosto, la comisaría 2ª de Villa Tesei comenzó a buscarla. Pronto se sumó la plana mayor de la Policía Bonaerense. Registraron 498 terrenos baldíos, 806 domicilios y chequearon 1.188 llamadas telefónicas. En total, rastrillaron 680 hectáreas y analizaron 150 cámaras de video. Fueron 1.600 policías, con 16 perros rastreadores, 143 patrulleros y dos helicópteros, buscando en 50 manzanas a la redonda. Se le dio intervención a todas las fuerzas de seguridad, incluyendo las de otras provincias, y a Interpol. El cuerpo apareció en un descampado, a 30 cuadras de la casa de Candela. La casa de la calle Kiernan 992, donde los investigadores presumen que estuvo cautiva la chica, queda a 10 cuadras de la casa de la familia.
2. Exposición innecesaria. Desde el comienzo de la investigación se constituyó un “Comité de Crisis” con el gobernador Daniel Scioli y el ministro de Justicia y Seguridad Ricardo Casal a la cabeza. El jefe de la Bonaerense y sus hombres no se separaban de Carola Labrador, madre de Candela, que llegó a dar conferencias de prensa en la puerta de su casa. El martes 30 de agosto, a la campaña de Red Solidaria “48 horas por Candela” se sumaron Adrián Suar, Ricardo Darín, Facundo Arana, Guillermo Francella y Martín Palermo, entre otros. Juan Carr dijo que “es mejor un dato confuso que el silencio”. Pero la avalancha de llamados no aportó ninguna pista y hasta hubo algunos en broma.
3. Vivo y directo. Cada uno de los pasos en la investigación fue transmitido por los noticieros y por los programas de chismes. Tanto el fiscal Marcelo Tavolaro como el fiscal general de Morón, Federico Nieva Woodgate, el juez Alfredo Meade y el ministro Casal brindaron detalles a la prensa, adelantando procedimientos e hipótesis. La policía no precintó el lugar donde dos cartoneros encontraron a Candela: a pocas horas de encontrado el cadáver, el lugar era un enjambre de movileros, camarógrafos y curiosos. Si había algún rastro sobre los asesinos, se perdió para siempre.
4. Filtraciones por doquier. Desde la Justicia y la policía se filtraron datos contradictorios no bien comenzó la investigación. Hay versiones contrapuestas sobre si la niña fue o no abusada sexualmente. Voceros de la gobernación bonaerense difundieron que tenía una “vida sexualmente activa”, pero los primeros datos de la autopsia indicaron que no había sido violada durante el cautiverio. Ahora trascendió un peritaje complementario de la autopsia que señala que la chica sufrió abuso sexual.
5. Llamada perdida. Unos minutos después del hallazgo del cuerpo, la policía filtró a la prensa una grabación de un llamado que se habría producido el lunes 29. “Ahora sí que jamás vas a encontrar a tu hija. Hasta que ese conchudo no devuelva la guita, no la van a ver nunca más”, decía la voz de un hombre. Estos dichos concuerdan con lo referido por Alfredo Lauriano Rodríguez, el padre de Candela, que declaró que lo que pasó “fue un vuelto, porque hicieron correr que soy buchón de la Federal”. Rodríguez involucró a Ricardo Manuel Perrota, ex pareja de Labrador. El abogado de Perrota, Alejandro Rabinovich, reveló que “hubo un llamado de prueba de vida y está en el expediente porque los teléfonos ya estaban tomados”. El defensor de Ramón Altamirano, Matías Morla, afirmó que “esta causa es un delito federal: es un secuestro extorsivo porque hubo llamados pidiendo dinero cuando Candela estaba con vida”. Si la Justicia le diese la razón, las autoridades políticas y judiciales bonaerense quedarían desplazadas.
6. Todas las hipótesis. Tal vez fue una movida para generar confusión, pero cuando desde la Justicia o desde el ejecutivo policial se hablaba de que “se investigan todas las hipótesis”, se deduce que no se le prestó atención a la del secuestro extorsivo en el contexto de un ajuste de cuentas entre bandas de narcos. La policía dejó trascender su malestar porque Carola les ocultó que su marido estaba preso, pero ella lo niega. Desde las primeras horas está presente la posibilidad de que haya sido una venganza por un “vuelto” que no se pagó. Y la policía cuenta con más información de la que brindan los familiares de la víctima.
7. Testigo de identidad truchada. La causa tomó un vuelco cuando apareció un testigo de identidad reservada. Su declaración textual fue difundida en cadena y motivó seis detenciones. Su testimonio incriminó al carpintero Ramón Altamirano y a la depiladora Gladys Mabel Cabrera, dueña de la casa sospechada, imputados como “partícipes necesarios del homicidio” y detenidos. El fletero Gustavo Valenzuela, dueño de la Trafic sospechada de llevar a Candela, y Alfredo Monteros padre e hijo, acusados de encubrimiento, ya recuperaron la libertad. La mujer de Monteros es hermana de Cabrera. El testigo se presentó luego ante las cámaras como Pedro y negó que lo que se difundió sea el contenido exacto de lo que dijo. Supuestamente, señaló que a Hugo Elvio “El Negro Pila” Bermúdez “se le fue la mano” y lo acusó de ser el asesino. Se trata de un dealer de poca monta, que en el momento de ser detenido se abrazó con cada uno de los policías. “Vos sabés cómo es esto”, le explicó uno. En el barrio se comenta que solía recibir a policías de civil en su domicilio.
8. Pruebas móviles. Las pruebas materiales que complementan la declaración del testigo son todas móviles. Los investigadores hallaron ADN compatible con el de Candela en un bol con arroz hervido y pollo que habría estado guardado en la heladera de la vivienda de la calle Kiernan, lo mismo que Candela habría comido antes de que la asesinen. Lo curioso es que no lo encontraron la primera vez que entraron en la casa, que recién fue resguardada después. En el domicilio de Balvanera de la depiladora Cabrera se encontró un vaso con huellas que podrían ser del carpintero. También, una colilla de cigarrillos que tendría una huella de Altamirano, aunque su esposa dijo que no fuma hace años. En la casa de Bermúdez se encontró una campera que sería de Candela, pero su madre no la reconoció.
9. Ola de perejiles. Dos nuevos detenidos se sumaron el lunes 12. El remisero José Luis Flores y su mujer, Liliana Susana Cabrera, fueron detenidos en su casa de Galeno 1173, en William Morris, Hurlingham. Acusados de posesión ilegal de arma de guerra, recuperaron la libertad al día siguiente. El abogado Alberto Domínguez y la suegra del hombre denunciaron que la policía le plantó una pistola Bersa calibre 9 milímetros. También detuvieron en el hospital de Haedo a Fabián Espíndola. “Basta de detener perejiles”, expresaron frente a la casa de Altamirano, en Charrúa 1081, un centenar de manifestantes. La abogada María Florencia Srur y la mujer de Altamirano dijeron a Veintitrés que la declaración del testigo reservado es “todo mentira”. La mujer –que según el testigo tuvo participación en el crimen– mostró los pasajes de un viaje que hizo a su Tucumán natal en la misma fecha.
10. Policías en acción. El rol de la policía empieza a quedar más expuesto. Muchos de los testimonios fueron tomados de manera prepotente, con los testigos esposados. Se está investigando al menos a dos policías en actividad que podrían estar involucrados con narcos y secuestradores: Claudio Valentín “Orejón” (o “Cheto”) Brítez y Walter Luis Medina. El primero quedó vinculado a un ajuste de cuentas en la Villa 9 de Julio, en San Martín, fuera de la que era su jurisdicción. Hace dos años acudió a un tiroteo entre narcos, aparentemente a defender a su hermano delincuente, en contra de Gerardo Goncebat, antiguo patriarca de los traficantes. Medina está en la comisaría de Billinghurst, aunque antes era jefe de calle de San Martín. Es señalado por los vecinos como quien regentea la venta de droga, incluyendo el quiosco de “El Negro Pila”. Trascendió que se allanarían sus domicilios. Otro aspecto que vincula a la policía es la detención de siete personas por el secuestro, en la Villa Corea, de María Alejandra Romagnoli, una tía de Candela por la que se pagaron 30.000 pesos de rescate. Se sospecha que esta banda –que se movía con chalecos policiales y armas largas y se llevó también a un narco de la zona conocido como “Pitimeco”– se manejaba con complicidad policial. Esto se suma a la detención del oficial inspector Fabián Oviedo, acusado de participar en el asesinato de Fabián Gorosito, en Mariano Acosta, en agosto de 2010. Oviedo estaba participando de los operativos por el caso Candela.